Historia completa : SOFÍA SALVÓ A DANTE DE UNA BALA… PERO CUANDO DIJO «EL ASESINO ESTÁ DENTRO DE LA CASA», ÉL DESCUBRIÓ QUE ALGUIEN HABÍA CERRADO LA MANSIÓN DESDE DENTRO

PARTE 1. «EL ASESINO ESTÁ DENTRO DE LA CASA»
Dante no apartó los ojos de Sofía.
Seguía sobre ella, una mano sujetando su brazo y la otra sosteniendo la pistola cerca de su rostro.
«El asesino está dentro de la casa.»
La frase quedó suspendida entre los dos.
Durante unos segundos, solo se escuchó la respiración agitada de Sofía.
Dante miró hacia el enorme comedor.
Tres hombres vestidos de negro permanecían junto a la pared.
Un camarero estaba paralizado cerca de las puertas.
Dos invitados observaban desde el fondo.
La silla de Dante seguía en el centro de la habitación.
En el respaldo de cuero marrón había un agujero oscuro.
Exactamente donde, segundos antes, había estado su pecho.
Dante bajó lentamente el arma.
«Levántate.»
Sofía lo miró sorprendida.
«¿Ya me cree?»
«Todavía no.»
La ayudó a incorporarse.
«Pero si quisieras verme muerto, no habrías saltado delante de una bala.»
Sofía respiró profundamente.
Dante se acercó a la silla.
No la tocó.
Miró el agujero.
Después la ventana.
Después las puertas.
«¿Qué viste?»
Sofía negó.
«Nada.»
«Entonces ¿cómo supiste que venía una bala?»
«Vi el punto rojo.»
Dante giró.
«¿Dónde?»
Ella señaló su cuello.
«Aquí.»
Él llevó una mano a la garganta.
«¿Y por qué tú lo viste y yo no?»
«Porque estaba detrás de usted.»
Dante observó la mesa.
Sofía había entrado llevando una bandeja.
Desde aquella posición podía ver de frente la luz roja sobre su cuello.
Tenía sentido.
Pero algo seguía molestándolo.
«Dijiste que el asesino estaba dentro.»
«Sí.»
«¿Por qué?»
Sofía miró hacia las ventanas.
«Porque estaban cerradas.»
Dante frunció el ceño.
«Eso no significa nada.»
«Mire el cristal.»
Dante se acercó.
En las enormes ventanas no había ningún agujero.
Ni cristal roto.
Ni marcas.
Sofía continuó:
«La bala no entró desde fuera.»
Dante miró nuevamente la silla.
La trayectoria parecía venir desde algún punto interior de la mansión.
No sabía exactamente desde dónde.
Pero Sofía podía tener razón.
Entonces uno de los hombres de seguridad apareció.
«Señor.»
«¿Qué?»
«Tenemos otro problema.»
«Habla.»
«Las puertas exteriores están bloqueadas.»
Dante lo miró.
«Ábrelas.»
«No podemos.»
«¿Por qué?»
El hombre tragó saliva.
«El sistema de seguridad las cerró desde dentro.»
Sofía palideció.
Dante preguntó:
«¿Quién puede hacerlo?»
«Cuatro personas.»
«Nombres.»
El guardia dudó.
«Usted.»
Dante esperó.
«El jefe de seguridad.»
«Sigue.»
«El administrador.»
«¿Y el cuarto?»
El hombre miró alrededor del comedor.
«La señora Victoria.»
Sofía sintió un escalofrío.
Porque Victoria estaba sentada en aquella misma mesa apenas diez minutos antes.
Y ahora...
había desaparecido.
PARTE 2. LA MUJER QUE FALTABA
«Buscadla.»
Dante no gritó.
No necesitaba hacerlo.
Los hombres comenzaron a moverse.
Sofía permaneció cerca de la pared.
Dante la miró.
«Tú vienes conmigo.»
«¿Por qué?»
«Porque sigues siendo la única persona que vio la señal antes del disparo.»
«¿Todavía sospecha de mí?»
«Sospecho de todos.»
Subieron al primer piso.
El pasillo estaba vacío.
La habitación de Victoria tenía la puerta abierta.
Dante entró.
La cama intacta.
Las cortinas cerradas.
Una copa sobre la mesa.
Y un teléfono.
Sofía señaló la pantalla.
Había un mensaje sin leer.
Dante lo abrió.
NO BAJES AL COMEDOR ESTA NOCHE.
Enviado una hora antes.
Número oculto.
Sofía lo miró.
«Entonces alguien la advirtió.»
Dante negó.
«O alguien quiere que pensemos eso.»
Revisaron el resto del dispositivo.
Había una llamada perdida a las 21:17.
El disparo había ocurrido poco después.
Sofía observó el registro.
«¿Reconoce el número?»
«No.»
Un ruido llegó desde el baño.
Dante levantó inmediatamente el arma.
«Sal.»
Silencio.
Avanzó.
Abrió la puerta.
Victoria estaba dentro.
Sentada en el suelo.
Con las manos temblando.
«Dante.»
Él bajó ligeramente el arma.
«¿Qué haces aquí?»
«Alguien cerró la puerta desde fuera.»
Sofía se acercó.
Victoria la miró.
«Tú.»
«¿Yo qué?»
«Tú fuiste quien estaba con él.»
Sofía frunció el ceño.
«Le salvé la vida.»
Victoria observó el corte que Sofía ya llevaba en la mejilla.
«¿Qué te ocurrió?»
Sofía tocó la herida.
«No lo sé.»
Dante giró.
«¿Cómo que no lo sabes?»
«Cuando llegué a trabajar esta tarde ya lo tenía.»
Victoria se quedó inmóvil.
«Eso no tiene sentido.»
Sofía respondió:
«Me desperté así.»
Dante la miró.
«¿No recuerdas haberte hecho esa herida?»
«No.»
La habitación quedó en silencio.
Victoria se levantó.
«¿Qué ha pasado abajo?»
Dante respondió:
«Alguien disparó.»
Su rostro perdió el color.
«¿A quién?»
«A mí.»
Victoria se llevó una mano a la boca.
«Dios mío.»
Dante le mostró el mensaje.
«¿Quién te envió esto?»
«No lo sé.»
«¿Y por qué no bajaste?»
«Pensé que era una broma.»
Sofía preguntó:
«¿Entonces por qué estaba encerrada en el baño?»
Victoria miró la puerta.
«Entré a buscar unas pastillas. Cuando intenté salir, estaba cerrada.»
Dante observó la cerradura.
No estaba rota.
Alguien había utilizado una llave.
Una llave que solo el personal interno debía tener.
Entonces el teléfono de Sofía vibró.
Número desconocido.
Un único mensaje:
TE DIJE QUE NO LO SALVARAS.
Sofía dejó caer el móvil.
Dante lo recogió.
La miró.
«¿Quién te escribió?»
Ella estaba pálida.
«Nunca había recibido un mensaje así.»
Dante enseñó la pantalla a Victoria.
Y entonces llegó otro:
AHORA ÉL TAMBIÉN SABE QUE TÚ ESTÁS DENTRO.
PARTE 3. LAS CÁMARAS HABÍAN SIDO BORRADAS
Dante ordenó revisar todo el sistema de vigilancia.
El jefe de seguridad, Arturo, los recibió en la sala de cámaras.
«Hay un problema.»
Dante soltó una risa amarga.
«Esta noche todos tienen problemas.»
Arturo señaló las pantallas.
«Faltan diecisiete minutos.»
«¿Cuáles?»
«Desde las 21:11 hasta las 21:28.»
Sofía miró a Dante.
El disparo estaba dentro de ese intervalo.
«¿Quién puede borrar grabaciones?», preguntó ella.
Arturo respondió:
«Yo.»
Dante lo observó.
«¿Quién más?»
«Usted.»
«Sigue.»
Arturo tragó saliva.
«El administrador.»
Dante endureció el rostro.
«¿Dónde está?»
Nadie respondió.
El administrador se llamaba Esteban.
Llevaba doce años trabajando en la mansión.
Conocía cada puerta.
Cada pasillo.
Cada sistema.
Y nadie lo había visto desde la cena.
«Buscadlo», ordenó Dante.
Sofía miró una pantalla.
Una cámara sí había conservado algunos segundos anteriores al borrado.
«Espere.»
Dante se acercó.
En la imagen aparecía el comedor.
Sofía entraba con la bandeja.
Dante estaba sentado.
Victoria conversaba con otro invitado.
En el fondo aparecía Esteban.
«Pausa.»
La imagen se congeló.
Esteban miraba directamente hacia Sofía.
No hacia Dante.
Hacia ella.
Sofía retrocedió.
«¿Por qué me miraba?»
Dante amplió la imagen.
En la mano de Esteban había algo.
Un pequeño papel doblado.
Arturo consiguió recuperar tres segundos más.
Esteban se acercaba a Sofía.
Parecía hablarle.
Ella recibía el papel.
Después...
corte.
Sofía negó.
«No recuerdo eso.»
Dante la miró.
«Estás en la grabación.»
«Lo sé.»
«Te entregó algo.»
«No recuerdo haber hablado con él.»
Victoria se acercó.
«¿Y si la golpearon?»
Sofía tocó nuevamente la herida de su cara.
Dante comprendió lo que insinuaba.
«¿Crees que perdió parte de la memoria?»
«No lo sé.»
Arturo encontró otro archivo.
Una cámara del corredor de servicio.
Sofía aparecía sola.
Miraba un papel.
Después levantaba la cabeza bruscamente.
Tiraba el papel a una papelera.
Y continuaba hacia el comedor.
Dante ordenó:
«Buscadlo.»
Uno de los empleados regresó con la papelera.
Dentro encontraron decenas de papeles.
Hasta que Sofía vio uno doblado.
«Ese.»
Dante lo abrió.
Solo había una frase:
CUANDO VEAS LA LUZ ROJA, TÍRATE AL SUELO.
Sofía dejó de respirar.
«Entonces alguien sí me avisó.»
Dante recordó su respuesta:
«¡Nadie!»
Ella comenzó a llorar.
«No lo recordaba.»
Dante miró la nota.
«Pero hiciste algo distinto.»
Sofía lo miró.
«¿Qué?»
«No te tiraste tú.»
Silencio.
«Me salvaste a mí.»
Sofía tragó saliva.
«Porque la luz estaba sobre usted.»
Victoria preguntó:
«Entonces quien escribió esto sabía exactamente lo que iba a pasar.»
Dante asintió.
«Sí.»
Y quizá también sabía que Sofía elegiría salvarlo.
Su teléfono vibró.
Otro número desconocido.
Una fotografía apareció.
Esteban.
Atado a una silla.
Debajo:
ÉL TAMPOCO ES EL ASESINO.
PARTE 4. EL HOMBRE QUE ORGANIZÓ LA CENA
La fotografía tenía una marca de tiempo.
Hacía cinco minutos.
Dante la examinó.
«Está en la casa.»
Arturo preguntó:
«¿Cómo lo sabe?»
Sofía señaló el suelo de la fotografía.
Mármol blanco con vetas grises.
El mismo de la mansión.
«¿Dónde?»
Victoria recordó:
«El antiguo salón de música.»
Corrieron.
La puerta estaba bloqueada.
Dante la abrió.
Esteban estaba allí.
Consciente.
Atado a una silla.
No parecía gravemente herido.
Dante se acercó.
«¿Quién hizo esto?»
Esteban respiraba con dificultad.
«No lo vi.»
«¿Quién te obligó a borrar las cámaras?»
«Nadie.»
«Entonces ¿por qué desaparecieron?»
Esteban respondió:
«Porque alguien utilizó mi clave.»
Dante cortó las cuerdas.
«¿Quién la conoce?»
«Nadie debería conocerla.»
Sofía preguntó:
«¿Usted me dio una nota antes de la cena?»
Esteban la miró confundido.
«No.»
Dante mostró el vídeo.
El hombre quedó pálido.
«Ese no soy yo.»
Todos guardaron silencio.
Victoria se acercó a la pantalla del teléfono.
«Misma ropa.»
«Sí.»
«Mismo cuerpo.»
Esteban negó.
«Pero yo estaba en la bodega a esa hora.»
Dante miró a Arturo.
«¿Hay cámaras?»
«Sí.»
Las revisaron.
Esteban decía la verdad.
A las 21:12 estaba en la bodega.
Pero a las 21:12 también aparecía un hombre idénticamente vestido entregando el papel a Sofía.
Alguien se había disfrazado como él.
Sofía palideció.
«Entonces el asesino preparó todo.»
Dante negó.
«Quizá no.»
«¿Qué quiere decir?»
«La persona que te dio la nota intentó salvarme.»
Victoria comprendió.
«Entonces puede haber dos personas.»
Una quería que Dante muriera.
Otra sabía del plan.
Y no podía advertirlo abiertamente.
Esteban preguntó:
«¿Quién organizó la cena?»
Dante lo miró.
«Tú eres el administrador.»
«Yo preparé la casa.»
«¿Y los invitados?»
Esteban negó.
«La lista llegó cerrada.»
«¿De quién?»
«De su despacho.»
Dante sintió frío.
«Yo no hice ninguna lista.»
Arturo recuperó el archivo.
Doce invitados.
Siete empleados.
Tres miembros de seguridad.
Y un nombre añadido a última hora:
MATEO SALCEDO.
Victoria dejó caer la copa que sostenía.
Se rompió contra el suelo.
Dante la miró.
«¿Quién es Mateo Salcedo?»
Victoria respondió:
«Un hombre que murió hace quince años.»
Sofía cerró los ojos.
«Otra vez.»
Dante preguntó:
«¿Lo conocías?»
Victoria asintió.
«Trabajaba con tu padre.»
«¿Qué hacía?»
«Seguridad.»
Dante miró la lista.
«Entonces alguien invitó a un muerto.»
Esteban palideció.
«No.»
«¿Qué?»
«Yo vi a Mateo esta noche.»
Silencio absoluto.
«¿Dónde?»
«En la galería superior.»
Dante levantó la cabeza.
Desde aquella galería se veía perfectamente...
la silla donde había estado sentado.
PARTE 5. EL ASESINO NO ERA LA ÚNICA PERSONA ESCONDIDA
Subieron.
La galería estaba vacía.
No encontraron ninguna arma.
Ninguna persona.
Solo una chaqueta negra doblada sobre una silla.
Y un sobre.
Dante lo abrió.
Dentro había una fotografía antigua.
Su padre.
Victoria.
Mateo Salcedo.
Y un cuarto hombre cuyo rostro había sido cortado de la imagen.
Sofía miró el reverso.
Había una frase:
CUATRO PERSONAS SABÍAN LO QUE OCURRIÓ AQUELLA NOCHE. DOS SIGUEN VIVAS.
Dante miró a Victoria.
«¿Qué noche?»
Ella negó.
«No ahora.»
«Ahora.»
«Dante.»
«Alguien acaba de intentar matarme.»
Victoria comenzó a llorar.
«Hace dieciocho años, tu padre descubrió que alguien dentro de la familia estaba vendiendo información.»
«¿A quién?»
«Nunca me lo dijo.»
«¿Y Mateo?»
«Investigó con él.»
«¿Murió por eso?»
Victoria guardó silencio.
Aquello era respuesta suficiente.
Sofía encontró algo dentro del bolsillo de la chaqueta.
Un pequeño dispositivo.
No sabía qué era.
Dante le impidió tocarlo.
«Déjalo.»
Debajo había otro papel.
SI SOFÍA ESTÁ VIVA, EL PLAN FALLÓ.
Ella retrocedió.
«También querían matarme.»
Dante leyó la siguiente línea:
NO.
Debajo:
ELLA NUNCA FUE EL OBJETIVO.
Sofía lo miró.
«Entonces ¿por qué me involucraron?»
Dante siguió leyendo.
PORQUE ERA LA ÚNICA PERSONA QUE MIRABA HACIA ARRIBA CUANDO TODOS MIRABAN LA MESA.
Sofía recordó su trabajo.
Entraba.
Salía.
Observaba el salón entero.
Movía platos.
Miraba a los invitados.
Era invisible para ellos.
El tipo de persona que veía cosas porque nadie se preocupaba por esconderlas delante de ella.
«¿Qué vi?»
Nadie sabía.
El teléfono de Dante vibró.
Mensaje desconocido.
Un vídeo.
La grabación mostraba la cena desde un ángulo que ninguna cámara de seguridad oficial tenía.
Alguien estaba grabando desde la galería.
En el vídeo, Sofía aparecía entrando con la bandeja.
Detrás de Dante...
un hombre levantaba lentamente la mano.
Sofía acercó la imagen.
No podía verse su rostro.
Pero llevaba un anillo enorme.
Victoria dejó de respirar.
«Ese anillo.»
Dante preguntó:
«¿Lo reconoces?»
«Sí.»
«¿De quién?»
Victoria negó.
«No puede ser.»
«¿Quién?»
Ella respondió:
«De tu padre.»
Dante sintió que el suelo desaparecía.
«Mi padre está muerto.»
«Lo sé.»
Volvieron a mirar.
El hombre desaparecía detrás de una columna justo antes del punto rojo.
Pero no parecía sostener ningún arma.
Dante amplió otro fotograma.
El hombre no estaba apuntando.
Estaba señalando.
Hacia arriba.
Como si quisiera advertir a alguien.
Sofía susurró:
«Entonces él tampoco era el asesino.»
Dante cerró los ojos.
La mansión estaba llena de personas ocultando algo.
Una intentaba matarlo.
Otra había enviado la nota.
Otra había grabado.
Otra utilizaba el anillo de su padre.
Y todavía no sabían quién pertenecía a cada papel.
Entonces las luces se apagaron.
Toda la mansión quedó negra.
Sofía agarró el brazo de Dante.
«No se mueva.»
«¿Por qué?»
«Escuche.»
Pasos.
Arriba.
Después abajo.
Dos personas.
Moviéndose en direcciones distintas.
Las luces de emergencia se encendieron.
Dante levantó la cabeza.
Una silueta desapareció por el corredor superior.
Otra corrió hacia la biblioteca.
Dante comprendió.
«No hay un solo intruso.»
Sofía lo miró.
«¿Dos asesinos?»
«No lo sé.»
Corrieron hacia la biblioteca.
La puerta estaba abierta.
Dentro encontraron a Arturo, el jefe de seguridad.
En el suelo.
Consciente.
Aturdido.
«¿Quién fue?», preguntó Dante.
Arturo señaló un pasadizo detrás de una estantería.
«Un hombre.»
«¿Lo viste?»
«Sí.»
«¿Quién?»
Arturo levantó la mirada hacia Victoria.
«Mateo Salcedo.»
Victoria comenzó a temblar.
«Eso es imposible.»
Sofía preguntó:
«¿Por qué?»
Victoria respondió:
«Porque yo vi cómo enterraban a Mateo.»
Silencio.
Dante miró el pasadizo.
Sobre el suelo había otra fotografía.
Esta vez reciente.
Mateo.
Vivo.
Junto a él aparecía otro hombre.
Dante reconoció inmediatamente el rostro.
Su padre.
La fecha estaba impresa en una esquina.
HACE TRES MESES.
Dante dejó caer la fotografía.
Su padre llevaba doce años muerto.
Pero alguien había tomado aquella imagen hacía apenas tres meses.
En la parte posterior había un mensaje:
UNO DE LOS DOS ES UN IMPOSTOR.
Debajo:
EL OTRO SABE QUIÉN DISPARÓ ESTA NOCHE.
Sofía miró hacia el pasadizo oscuro.
Dante levantó lentamente el arma, sin disparar.
Y por primera vez comprendió que descubrir al asesino quizá no sería la parte más difícil.
La verdadera pregunta era descubrir cuántas personas dentro de aquella casa llevaban años viviendo con identidades que no les pertenecían.
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¿QUIÉN ERA REALMENTE EL HOMBRE QUE TODOS CREÍAN MUERTO… Y POR QUÉ ALGUIEN CON EL ROSTRO DEL PADRE DE DANTE HABÍA REGRESADO JUSTO ANTES DEL INTENTO DE ASESINATO?
CONTINUARÁ...