Historia completa : “Deja Que Te Expliquemos”… La Respuesta de Elena Solo Hizo Que Adrián Se Enfureciera Más

La puerta del despacho se abrió de golpe y Adrián se quedó inmóvil.
Elena estaba junto a la ventana.
Frente a ella, Mateo sostenía una carpeta azul.
—¿Qué significa esto?
Elena palideció.
—Adrián…
—He preguntado qué significa.
Mateo cerró la carpeta.
—Deja que te expliquemos.
Aquella frase fue peor.
Adrián avanzó hacia ellos.
—¿Explicarme qué? ¿Por qué mi mujer se reúne a escondidas con mi hermano?
—No es lo que piensas.
—No me digas lo que pienso.
Tomó la fotografía.
En ella aparecía saliendo del edificio central de la empresa familiar, en Madrid, acompañado por dos abogados.
—¿Quién hizo esto?
Elena bajó la mirada.
—Yo pedí que te siguieran.
Adrián soltó una risa seca.
—Perfecto.
—Había una razón.
—Seguro.
Mateo intentó acercarse.
—Escucha primero.
Adrián lo empujó.
—Tú cállate.
Elena se interpuso.
—¡Basta!
—Porque necesitábamos pruebas.
—¿Pruebas de qué?
Elena respiró hondo.
—De que alguien está intentando destruirte.
Adrián quedó inmóvil.
Después negó.
—No.
Mateo abrió la carpeta.
—Mira esto.
Eran transferencias bancarias realizadas desde cuentas de la empresa a sociedades desconocidas.
Todas llevaban la autorización digital de Adrián.
—Nunca he firmado esto.
—Lo sabemos —dijo Elena.
—Entonces ¿por qué me vigilabas?
Mateo respondió.
—Porque alguien estaba usando tus movimientos para copiar tus accesos.
Adrián levantó la fotografía.
—¿Por eso contrataste a un detective?
—Sí.
—Sin decírmelo.
—Si te lo decía y reaccionabas, podían darse cuenta.
—¿Quiénes?
Mateo sacó otra fotografía.
Aparecía Victoria Salcedo, directora financiera del grupo, entrando en un hotel junto a un hombre que Adrián reconoció de inmediato.
—Sergio.
Su abogado personal.
Elena habló.
—Llevan meses reuniéndose.
Adrián frunció el ceño.
—Eso no demuestra que me estén robando.
Mateo puso una memoria USB sobre la mesa.
—Entonces escucha.
Conectó el dispositivo al ordenador.
Una grabación comenzó a sonar.
La voz de Sergio era clara.
“Cuando Adrián firme la venta, todo quedará a su nombre. Después bastará con presentar las transferencias.”
Victoria respondió:
“¿Y si sospecha antes?”
“Entonces parecerá que ha robado el dinero y preparado la huida.”
Adrián se sentó lentamente.
—¿La venta de qué?
Elena sacó un contrato.
—De los terrenos de Getafe.
Adrián lo miró.
—Eso vale casi treinta millones.
—Exactamente.
—Sergio quería que el dinero pasara primero por una cuenta bajo tu control —explicó Mateo—. Después desaparecería y tú quedarías como responsable.
Adrián apretó los puños.
—¿Desde cuándo sabéis esto?
Elena dudó.
—Tres semanas.
La furia volvió.
—¿Tres semanas?
—Adrián…
—¡Tres semanas durmiendo a mi lado mientras pensabas que podían detenerme en cualquier momento!
—Intentaba protegerte.
—No necesitaba protección. Necesitaba la verdad.
Elena guardó silencio.
Mateo bajó la mirada.
Entonces sonó el teléfono de Adrián.
Era Sergio.
Todos quedaron quietos.
Adrián respondió.
—¿Sí?
—Tenemos un problema. Necesito verte ahora.
—¿Qué ha pasado?
—Victoria ha desaparecido.
Adrián miró a Elena.
—¿Desaparecido?
—Y faltan documentos del despacho. No firmes nada hasta que llegue.

Adrián miró la pantalla.
—Entonces está intentando llevarme a algún sitio.
Un mensaje apareció.
“Ven solo al aparcamiento de la sede. Planta -3.”
Mateo tomó su abrigo.
—Vamos a llamar a la policía.
Adrián negó.
—No todavía.
Elena lo miró horrorizada.
—No irás solo.
—Eso es exactamente lo que voy a hacer.
—Puede ser una trampa.
—Lo sé.
Sergio apareció junto a una columna.
—¿Dónde está Victoria? —preguntó Adrián.
Sergio sonrió.
—Eso iba a preguntarte yo.
—No juegues conmigo.
—Tu mujer y tu hermano llevan semanas siguiéndonos.
Adrián fingió sorpresa.
—¿Qué dices?
Sergio sacó un sobre.
—Victoria descubrió que Elena estaba investigando. Pensó que tú estabas detrás.
—¿Y?
—Intentó negociar.
—¿Negociar qué?
Sergio abrió el sobre.
Dentro había fotografías de Elena y Mateo juntos.
—Que podían culparte a ti.
Adrián sintió frío.
—¿Qué estás diciendo?
Sergio sonrió.
—Elena no intenta salvarte.
En ese momento, una voz sonó detrás.
—Eso es mentira.
Victoria salió de la sombra.
Tenía un corte en la frente.
Sergio palideció.
—Tú deberías estar…
—¿Muerta?
El silencio se volvió brutal.
Victoria levantó un teléfono.
—Sergio me atacó esta mañana.
Los agentes aparecieron.
Sergio intentó correr, pero fue reducido contra un coche.
Las luces azules se reflejaron sobre el hormigón húmedo. Adrián respiraba con dificultad, incapaz de decidir qué verdad le dolía más. Elena permanecía a pocos pasos, temiendo acercarse. Mateo observaba a Sergio esposado contra el vehículo. Durante semanas habían perseguido una traición financiera. Ninguno imaginaba que, antes de salir de aquel aparcamiento, descubrirían una mentira mucho más antigua y familiar.
Adrián miró a Victoria.
—¿Tú estabas con él?
Ella empezó a llorar.
—Al principio sí.
Confesó que Sergio le había dicho que Adrián desviaba dinero. Le pidió ayuda para reunir pruebas.
Victoria creyó que protegía la empresa.
Hasta que encontró una cuenta secreta a nombre de Sergio.
—Cuando entendí la verdad, intentó matarme.
Elena salió del coche.
Adrián la miró.
—¿Tú sabías que Victoria podía estar viva?
—No.
Victoria negó.
—Pero hay algo que Elena sí sabía.
Adrián leyó el nombre del padre.
Ernesto Valdés.
Y el de la hija.
Elena Serrano.
Adrián levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué significa esto?
Elena comenzó a llorar.
—Tu padre también era el mío.
Mateo quedó paralizado.
Adrián soltó los papeles.
Elena explicó que había descubierto la verdad después de la muerte de su madre. Ernesto había tenido una relación con ella antes de casarse.
—¿Entonces somos hermanos?
—No.
Adrián frunció el ceño.
Elena sacó otro documento.
—Ernesto no era tu padre biológico.
El mundo pareció detenerse.
Una carta escrita por su madre lo confirmaba.
Adrián había nacido antes de que ella conociera a Ernesto, quien decidió criarlo como hijo propio.
Elena y Adrián no compartían sangre.
Mateo sí era hijo biológico de Ernesto.
Sergio fue condenado por fraude, tentativa de homicidio y falsificación.
Victoria colaboró con la investigación.
Meses después, Adrián volvió con Elena al mismo despacho.
Sobre la mesa estaba la carpeta azul.
—Deja que te expliquemos —dijo él, sonriendo amargamente.
Elena bajó la mirada.
—Nunca volveré a decirte eso.
Adrián tomó su mano.
—No.
—La próxima vez, empieza por la verdad.
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Y por primera vez desde aquella noche, Elena supo que no necesitaban protegerse del dolor.
Necesitaban enfrentarlo juntos.